Qué fácil se me ha vuelto acariciarte

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Dunas en el desiero

Qué fácil se me ha vuelto acariciarte.

Y no acariciarte en parte, con una meta, con una imagen, con un apuro, sino acariciarte en general.

Me despierto y me demoro para sentir las curvas, los pliegues, los excesos, las insinuaciones que no quieren ser arrugas, las heridas, las fronteras, los paisajes.

Me demoro al despertarme y también antes de dormir.

Te miro como no lo hacía antes.

Antes te tenía, te sufría, te arrastraba. Ahora te soy, en parte.

Ahora te escucho y están tus pedidos entreverados con mis pensamientos más urgentes. Te descuido y te mimo en alternancia. Te atiendo los caprichos con más alegría que pereza.

Estás vivo. Le sirves a y te sirves de esas otras cosas que tampoco tengo y también soy:

le sirves a y te sirve el músculo creativo,

le sirves a y te sirve el nervio del amor.

Gustás en un modo en que no podrían gustar mis otros seres disgregados. Te dejás, hacés, y me das a conocer el mundo en otra profundidad, en un plano en que las cosas solo fluyen y no engranan.

Te soy más de lo que te tengo, te soy más de lo que te uso. Vamos camino a que tomes la forma mía, sin deformar ni doblegarte.

No existe el animal espiritual. Sos todo el animal para mi espíritu.